En su serie I Will Never Find Home, comenzada en mayo de 2023 en Um Ruwaba, ciudad natal de su padre y primera parada en su huida de la guerra en Sudán cuando esta llegó a Jartum, Ammar Yassir plasma en primera persona el significado de migración desde la crudeza del desplazamiento forzoso y la búsqueda constante de refugio. Utilizando el imaginario y el archivo fotográfico de su padre, que existe desde que toda la familia emigrara a Qatar durante la infancia de Ammar, hace un recorrido por la memoria de las ciudades por las que ha pasado y en las que ha intentado encontrar un lugar que habitar de forma estable y consciente. Durante los años en los que la serie ha crecido y evolucionado de manera orgánica, proceso que aún continúa, Ammar busca incansable el significado de la palabra hogar para alguien que lo ha perdido. En su obra tiene lugar una búsqueda del estado de permanencia y esperanza por conseguir una nueva oportunidad para sentirse en casa.
Aquel día de abril de 2023 me encontraba tumbado junto a toda mi familia en el suelo del salón cuando oímos los ruidos de los bombardeos en la base militar cercana a nuestro barrio en Jartum. Mis hermanas y hermanos empezaron a gritar. Cuando los ruidos amainaron, todos nos echamos a reír, nos sentimos ridículos por haber dejado que cundiera el pánico. No sé cómo se sintieron los demás tras las risas, entre ellos mi padre, pero creo que fue en ese momento cuando decidió que nos fuéramos de la ciudad.
En esa época, durante el año anterior al estallido de la guerra, apenas empezaba a conocer Jartum. Había entrado en la universidad y comenzaba a saber moverme por la ciudad. La guerra acabó con todo eso. Me marché junto a mi familia a Umm Ruwaba, lugar que no había visitado en mucho tiempo, en busca de seguridad. Después me fui solo a Wad Madani por un tiempo, donde me sentía como un extraño en la casa de un familiar, buscando trabajar y quizás una forma de vida mejor para mí y los míos. Tras reencontrarnos de nuevo toda la familia, decidimos cruzar la frontera hacia Sudán del Sur, hasta el campo de refugiados de Renk. Tras pocos días mi familia decidió volver a Sudán.
Yo continué mi viaje a lo desconocido solo, decidí quedarme en el país y tratar de llegar hasta Yuba. Decidí salir de Sudán tras perderlo todo de nuevo, lleno de pesar y miedo, buscando refugio en otro país, buscando desesperadamente un lugar donde pudiera mantener a mi familia y estar a salvo. Estar lejos me hizo pensar en muchos recuerdos y en cómo sería el futuro, recuerdos que se vieron removidos y estimulados por mi acceso al archivo de fotos digitales de mi padre, que contenía nuestra vida en Qatar, donde pasé los primeros años de mi infancia.
A lo largo de este viaje, he visto cómo las Fuerzas de Apoyo Rápido convirtieron Umm Ruwaba en una ciudad fantasma, cómo el reencuentro con mis amigos del instituto me facilitó la vida en Wad Madani, cómo Renk fue el entorno más duro en el que he vivido jamás, cómo me sentí perdido en Juba mientras vivía allí ilegalmente, cómo, con todos los altibajos, acepté ser refugiado en Uganda, y cómo tengo este sentimiento complejo hacia Europa en general, donde me encuentro actualmente, lugar al que no pertenezco a pesar de que me brinde seguridad.
En un momento, como un recuerdo que vagamente viene a mi mente, durante mi viaje de desplazamiento, me di cuenta de que nunca encontraría el verdadero significado de hogar, un concepto que había cambiado por completo en cuanto salí de nuestra casa en mayo de 2023 para convertirse en otra cosa, algo que se da por sentado y de repente desaparece. A pesar de ello, intento desesperadamente encontrarlo y descubrir qué ha significado para mí con el paso del tiempo; busco un hogar en el apego de mi padre a Umm Ruwaba, en las oraciones de mi madre, en los dibujos de mis hermanos, en las historias de desplazamiento de mis amigos y compañeros refugiados, y en la similitud de su realidad con la mía: la búsqueda de un hogar.
Ammar Yassir

